¿Qué hace diferentes a dos deportistas de igual nivel físico para que uno gane y el otro no? ¿Qué más podemos hacer, además de matarnos a entrenar, para conseguir ese plus que siempre nos parece que tienen nuestros rivales?
Este es un tema muy interesante y a veces difícil de explicar, pero la diferencia entre los dos deportistas de los que hablaba, es la seguridad en uno mismo, y sobre todo el instinto “asesino” deportivamente hablando, claro está.
 

Pero esta seguridad y este instinto no se consiguen porque sí

Muchas veces me he preguntado dónde se encuentran estas cualidades y he llegado a la conclusión que hay que buscarlas acumulando sensaciones en los entrenamientos más duros y difíciles.
 
Estos entrenamientos nos han de servir para despertar del letargo en que parece que entran algunos, creyendo que cumpliendo con los entrenamientos ya es suficiente para estar listo para competir.
 
Es fundamental estar convencidos de que entrenamos bien y que asimilamos las cargas de entrenamiento, estar seguros de que cuando nos ponemos en una línea de salida vamos a dar todo lo que tenemos dentro, sin titubeos ni miedos, tanto físico como mentalmente.
 

Seguro que en más de una ocasión habréis oído decir a alguien aquello de “este se pica hasta con su propia sombra” ¿verdad?

Pues esto, bien conducido, es un arma muy poderosa para aplicar en las competiciones. Ya sé que pensareis que vale que todo esto está muy bien, pero a la hora de la verdad el que está más fuerte es el que se impone. Cierto, ahí es donde quería llegar. La cuestión es porqué está más fuerte ¿solamente porque lo es o porqué ha entrenado más duro o también en parte, porque se lo cree y sale de cacería?
 
Hay deportistas que tienen en su ADN un espíritu competitivo asesino, que al igual que un tiburón cuando huele la sangre, van en búsqueda de sus “victimas” para asestarles un golpe definitivo en cualquier momento. 
 
Corredores que se inventan una estrategia demoledora en cuestión de segundos por la impresión que les acaba de transmitir un rival, y con ese motivo  arriesgarse  a tope sin tener segura la recompensa, incluso jugándose el asumir pérdidas importantes durante esa competición.
 

Y es que cuando ves a un gran deportista asestar un ataque fulminante a sus rivales es cuando entiendes el porqué te engancha tan fuerte la competición.

Ver el ataque y esperar el contraataque, al fin y al cabo es una lucha entre animales de la misma especie. En principio parten con las mismas armas, la gran diferencia está en el que decide apostar y el que se conforma con  especular.
 
Por este motivo, muchas veces son más recordados los grandes tiburones por sus ataques que los cangrejos por saber camuflarse o andar hacia atrás.
 
Lluís Capdevila
Director de Extrem Team
 
Pic by Le Tour de France